EL THING Y LAS LEYES
Antes que reyes absolutos, los vikingos tuvieron asambleas: el Thing era la reunión de hombres libres donde se dictaban leyes, se juzgaba y se decidía la guerra y la paz. Cada distrito tenía el suyo, y una vez al año los más importantes reunían a todo el país: el Althing islandés, fundado en 930 en Þingvellir, sigue sesionando hoy como parlamento, lo que lo convierte en una de las asambleas más antiguas del mundo.
El Thing era también tribunal. Allí se resolvían disputas de tierras, deudas y homicidios, con penas que iban de la multa (el wergild, "precio del hombre") a la proscripción: el declarado fuera de la ley perdía toda protección y cualquiera podía matarlo impunemente. Erik el Rojo fue proscrito de Islandia por tres años y usó el destierro para descubrir Groenlandia. Cuando la palabra no bastaba, el duelo ritual (holmgang) en una isla o terreno marcado decidía quién tenía la razón.
El poder del Thing llegaba hasta la religión: hacia el año 1000, el Althing islandés votó la adopción del cristianismo para evitar una guerra civil entre paganos y cristianos. El encargado de recitar la ley ante la asamblea era el Lögsögumaðr, el "decidor de la ley" (ver Rangos), elegido por su memoria y elocuencia. Sin constituciones escritas ni policía, el Thing mantuvo el orden vikingo durante tres siglos con debate público y presión social.