LA CASA COMUNAL VIKINGA
La casa vikinga era una sola nave alargada de madera, a veces de más de 80 metros, donde bajo el mismo techo vivían personas, animales y provisiones. Los muros combinaban postes de roble con zarzo y barro, y el tejado se cubría de tepe: una gruesa capa de tierra con hierba que aislaba del frío y que todavía corona las granjas islandesas. Sin ventanas y con un único hogar central sin chimenea (el humo salía por un orificio en el techo), el interior era oscuro, cálido y fragante a leña y establo.
El ejemplo más espectacular es Lofotr, en las islas Lofoten de Noruega: la casa de un jefe de 83 metros reconstruida junto a su ubicación original, hoy museo (ver Enlaces Vikingos). Allí se ve la organización típica: el salón con bancos corridos para banquetes y asambleas, la cocina con su piedra de moler, los establos en un extremo y los dormitorios con camas-caja en el otro. La casa era a la vez hogar, granero, taller y sala del trono.
Construirla era un acto social: levantar los postes requería a toda la comunidad y los banquetes de inauguración sellaban alianzas. Cuando un jefe moría, a veces su casa se quemaba ritualmente o se convertía en túmulo, como en Oseberg: la casa comunal no era solo arquitectura, era el corazón de la vida vikinga.