ES | EN | IT

LEYENDA: LA MUERTE DE BALDR

Baldr, hijo de Odín y Frigg, era el dios más amado: bello, luminoso y sabio. Cuando empezó a soñar con su propia muerte, su madre recorrió el mundo exigiendo a cada cosa un juramento de no dañarlo: al fuego, al agua, a las piedras, a los árboles, a las bestias y a las armas. Todas juraron, salvo una planta que pareció demasiado joven e inofensiva: el muérdago.

Los dioses, divertidos con la invulnerabilidad de Baldr, jugaban a lanzarle de todo. Loki, envidioso, descubrió la excepción, fabricó un dardo de muérdago y lo puso en manos del dios ciego Höðr, guiando su brazo. El dardo atravesó a Baldr y el dios cayó muerto ante el horror de todos: era la primera desgracia verdadera del Asgard.

Hermóðr cabalgó nueve noches hasta el reino de Hel para pedir su regreso. La giganta Hel aceptó con una condición: todo lo vivo y lo muerto debía llorar por Baldr. Todo lloró, salvo una giganta llamada Thökk, que era Loki disfrazado. Baldr debió quedarse con los muertos hasta después del Ragnarök, cuando las profecías dicen que regresará para gobernar el mundo nuevo.